sábado, 11 de junio de 2011

Dryopteris guanchica, un híbrido alotetraploide del Mioceno

El Mioceno fue la cuna de un gran número de plantas actuales, muchas de ellas fruto de exitosas hibridaciones interespecíficas y posteriores mutaciones adaptativas que les permitieron sobrevivir a los bruscos cambios de aquel período convulso. Una de estas plantas es el helecho Dryopteris guanchica, un híbrido alotetraploide fruto del cruzamiento entre Dryopteris aemula y Dryopteris maderensis. Pertenece a la família de las Aspidiaceae. Su dotación cromosómica es 2n=164, n=82.

Magnífico ejemplar de Dryopteris guanchica a principios de mayo en el sendero de las Vueltas de Taganana en pleno Macizo de Anaga situado en el extremo norte de la Isla de Tenerife. El helecho tenía frondes viejas y frondes nuevas, ya que acababa de emitir la brotación primaveral. La Dryopteris guanchica, como ocurre con la mayoría de helechos surgidos durante el Mioceno, crece en la Región Macaronésica y en la Península Ibérica (bosques húmedos de la cornisa cantábrica, Galicia, Sierra de Sintra y Sierras de Algeciras), en lo que un día fue una vasta región cubierta de bosques de Laurisilva. Hace unos 6 millones de años, durante un período muy frio y seco en el que las aguas del Océano Atlántico descendieron unos 100 metros por debajo del nivel actual (durante la llamada gran crisis salina del Messiniense que duró un millón de años),  las tierras menos profundas de las costas europea y africana y de las islas macaronésicas emergieron fuera del mar y, al haber poca agua que las separase, se facilitó el intercambio de especies vegetales y animales así como la hibridación interespecífica entre plantas afines. Esto nos permite entender porqué los genes de un helecho endémico de Madeira, la Dryopteris maderensis, se encuentran en un helecho como la Dryopteris guanchica en regiones tan alejadas de Madeira. Curiosamente la Dryopteris guanchica no crece en esta bellísima isla portuguesa, donde si habitan sus dos progenitores diploides: Dryopteris aemula y Dryopteris maderensis.

Otro ejemplar de Dryopteris guanchica en el mismo sendero de las Vueltas de Taganana. Se aprecian las frondes nuevas brotando vigorosamente. Las fotos se ven muy iluminadas debido al flash de la cámara, ya que en realidad viven en una penumbra intensa en el sotobosque de una espesa y húmeda selva casi impenetrable de Laurisilva. La Dryopteris guanchica es una de las Aspidiaceae más exigentes con el tipo de hábitat, ya que necesita vivir en un ambiente muy sombrío sobre un sustrato ácido permanentemente húmedo. Otras aspidiáceas del Macizo de Anaga como la Dryopteris oligodonta y el Polystichum setiferum son menos exigentes y pueden tolerar ambientes más iluminados y menos húmedos.

 Dryopteris guanchica en la pista forestal del sendero largo del Pijaral que va desde el Roque de Anambro hasta el mirador de Cabezo del Tejo. En las islas Canarias junto a la Dryopteris guanchica crece también su progenitor Dryopteris aemula, además de la Dryopteris oligodonta y la Dryopteris affinis. Algunos botánicos aseguran haber encontrado también Dryopteris maderensis en Canarias, pero en todo caso serían muy pocos ejemplares. Su existencia fuera de Madeira podría explicarse por una colonización reciente por esporas llevadas por el viento o pegadas en las plumas y patas de las aves marinas o por una antigua colonización tierra-tierra durante el período Messiniense, en que las islas del archipiélago canario y del archipiélago maderense en algún momento llegaron a formar un todo continuo sin agua que los separase.

Fronde ancha triangular-lanceolada de Dryopteris guanchica de un color verde oscuro intenso, de tacto suave y pinnas de consistencia tierna muy quebradizas. Pueden alcanzar los 115 cms de longitud. Su pecíolo castaño-amarillento con abundantes páleas lanceoladas de color castaño en su parte basal es más largo que la lámina.

La fronde de Dryopteris guanchica está formada por pinnas asimétricas en especial el par de pinnas basales de la fronde (se ven en la foto siguiente), cuyas pínnulas acroscópicas están menos desarrolladas que las basiscópicas. Tanto el raquis de la fronde como el raquis de las pinnas y el de las pínnulas están acanalados en su cara superior en toda su longitud.

En esta fronde nueva de color más claro se aprecia perfectamente la asimetría de las pínnulas basales, claramente más grandes las basiscópicas que las acroscópicas.

Las pinnas están subdivididas de tres a cuatro veces en pínnulas pecioluladas, triangular-lanceoladas, con el borde dentado y las puntas de los dientes convergentes o dirigidas hacia el ápice de la pínnula. Se ve muy bien el canal que recorre la parte superior del raquis.

 Soros inmaduros de Dryopteris guanchica a principios de mayo. Ampliando la foto con un doble click se ven mejor los detalles.

Los soros de todas las Dryopteris son reniformes (tienen forma de riñón). En la foto de estos soros inmaduros se ve el indusio blanco, plano y transparente que cubre los esporangios.

Soros maduros de Dryopteris guanchica a principios de mayo. Estos soros maduraron a finales del verano pasado y sus esporangios ya han dispersado las esporas.

En estos soros maduros se ve el indusio levantado dejando asomar los diminutos esporangios que se desplegaron hace medio año y dispersaron las esporas en el momento óptimo para su germinación.

2 comentarios:

  1. Muy interesante la información que das, este verano he visto uno en mi pueblo, cercca de A Coruña, curiosa historia la de esta especie, ahora la veo con otros ojos.
    Había publicado el comentario en el otro Dryopteris... que encima es endémico de canarias, así que eso de verlo por galicia.. se complicaba.

    Un saludo.

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  2. Gracias a una pequeña colonia desate helecho que pervive en mi aldea conseguimos conservar el ac eso milenario que una macro obra de ampliación de la antigua carretera destruía sin el mínimo
    respeto por el entorno.así que mi eterno agradecimiento al Guanchica.

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