sábado, 16 de junio de 2012

Tamarillo de Colombia, el tomate de los Andes

El Tamarillo de Colombia, Cyphomandra betacea o Solanum betaceum, también llamado tomate de árbol, sachatomate, chilto y tomate andino, es un frutal arbustivo de la família de las Solanaceae. En realidad es una tomatera gigante que llega a alcanzar los tres metros de altura y a superar los 7 años de vida. Es originario de los Andes donde se pueden encontrar pequeñas poblaciones silvestres en Argentina y Bolivia. Se cultiva como hortaliza en Perú, Chile, Argentina, Colombia, Bolivia y Ecuador. En las últimas décadas se ha extendido su cultivo al sur de Europa, África, Australia y Nueva Zelanda.

Frutos maduros de Cyphomandra betacea, muy ricos en vitaminas, minerales y antioxidantes.

Tamarillo de Colombia adulto de tres metros de altura cultivado en un huerto de naranjos a pocos kilómetros del mar en la Isla de Mallorca.

 Tamarillo de Colombia cargado de frutos a principios de noviembre en un huerto de mis amigos Jaume y Matilde.

A diferencia de la tomatera, el tamarillo de Colombia o tomate de árbol resiste bien el frío moderado con escasas heladas de las zonas costeras mediterráneas. En los inviernos especialmente fríos se comporta como caducifolio, pierde las hojas y aguanta en hibernación hasta que suben las temperaturas en primavera y entonces brota de nuevo. Como todas las hortalizas agradece el aporte de materia orgánica bien descompuesta ya sea en forma de estiércol o de compost. Se adapta a cualquier tipo de suelo, siempre que sea fértil y bien drenado. En los veranos sin lluvias  necesita varios riegos semanales para mantener bien hidratadas sus grandes hojas de hasta 30 centímetros. Se reproduce con facilidad a través de semillas que germinan rápidamente y al año ya puede empezar a dar frutos.

 Sus flores salen en racimos. Tienen cinco pétalos blancos y cinco estambres amarillos. Las hojas son muy grandes y tienen las nerviaciones muy marcadas. Su lámina es entera y cordada, es decir, acorazonada con la punta acuminada y no está subdividida en folíolos como en las tomateras. El pecíolo es largo y grueso. Las hojas, sobretodo las más tiernas, están cubiertas de tricomas glandulíferos por ambas caras que despiden un fuerte olor a tomatera.

Los frutos cuelgan de largos pedúnculos sin espinas.

 Tienen la forma y el tamaño de un huevo de gallina. El color de los frutos varía desde un amarillo anaranjado hasta un rojo intenso ligeramente amoratado. La piel es lisa, gruesa y muy resistente.

Bajo la piel hay una capa delgada de pulpa anaranjada que rodea las numerosas semillas englobadas en una gelatina muy jugosa y translúcida a veces teñida de rojo alrededor de cada semilla. La pulpa de estos frutos se puede comer a cucharaditas como si fuera un flan. Una vez pelados también se pueden consumir en ensaladas como si fueran tomates o se pueden añadir a una macedonia de frutas tropicales. Con su pulpa se puede preparar un buen sofrito para añadir a arroces, pastas y guisos de carne, confiriendo un intenso sabor a tomate muy peculiar. En repostería se pueden preparar deliciosos pasteles con la mermelada hecha con su pulpa, como por ejemplo un brazo de gitano. Los helados, sorbetes y cócteles de tamarillo andino son también deliciosos y muy exóticos.


4 comentarios:

  1. Este año, finalmente, me he lanzado a su cultivo. Ya veremos... Abrazos.

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  2. Pues te deseo mucha suerte, Salomé. Si todo va bien en un par de años saborearás esta extraña fruta. Un abrazo.

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  3. Acabo de adquirir una planta hace un par de semanas también. Dudo entre dejarla afuera o intentarlo en interior, a ver que sale, la falta de agua le sienta como un tiro, y el frío lo mismo.

    pvaldes

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  4. Te deseo mucha suerte con tu tamarillo.

    Juan

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