sábado, 20 de septiembre de 2014

Mallorca fue un bosque de laurisilva subtropical

Los paraísos todavía existen . . . 

 Una imagen de postal como ésta ya la habéis visto en otras de mis entradas de este blog. La verdad es que cada vez que voy a este lugar de ensueño no puedo resistir la tentación de fotografiarlo. Es lo más parecido a un paraíso, un pequeño Shangri-la utópico en pleno Mediterráneo. Contemplar tanta belleza todavía sin destruir en la isla que me vio nacer es como un regalo de los dioses, un subidón de esperanza, una emoción indescriptible que me acelera el corazón y me humedece los ojos. El islote del centro de la imagen, S'Illeta, se salvó por los pelos de la codicia humana. Poco faltó para que lo cubriesen de cemento construyendo sobre él un hotel de lujo para multimillonarios. Por suerte prevaleció la cordura. Fijaos en el diminuto bosquete de pinos carrascos que crece sobre la roca litoral que se ve en primer plano. Es lo más parecido a un bonsai natural. ¡Cuánta belleza! ¿Verdad?

El pasado domingo fue un día para ser guardado en lo más sagrado y entrañable de mi memoria. Con mi amigo Llorenç visitamos una tras otra media docena de maravillas de la Serra de Tramuntana, como la venerable encina de bellotas dulces varias veces centenaria que os mostré hace unos días.

Tras recargar las baterías con una deliciosa y contundente paella en el Restaurante Monumento de Sóller nos dirigimos hacia la parte central de la Serra de Tramuntana montados en mi pequeño Hyundai, muy práctico para circular por las estrechas callejuelas medievales de los pueblos de las montañas mallorquinas. Hacía un calor insoportable y decidimos parar a tomar algo en el Mirador de Ses Barques. En su terraza soplaba una frisa muy fresca y las vistas sobre el Puerto de Sóller eran espectaculares.

Proseguimos la excursión hacia Sa Calobra y en un rellano junto a la carretera aparcamos el coche. Ante nosotros se alzaba el impresionante y bien conservado Acueducto de Turixant. Nos llamó la atención un pequeño cabrahigo silvestre, Ficus carica subsp. rupestris, que crece en lo alto del acueducto enraizado entre las piedras de la construcción.

Parece increíble que la semilla pudiera llegar ahí arriba con la defecación de un ave frugívora y que lograse germinar entre dos piedras casi sin tierra ni agua. Nuestros cabrahigos son verdaderos campeones de la supervivencia, están perfectamente adaptados al clima tórrido y reseco de los países ribereños de la Cuenca Mediterránea.

Una vez atravesado el acueducto viene un tramo de carretera cuesta abajo que se curva a la izquierda sobre el puente del Torrent des Gorg Blau. Hace ya más de un lustro que hice el mismo recorrido acompañando a mi buen amigo y maestro Juan Rita Larrucea, profesor de Botánica de la Universidad de les Illes Balears, que me llevó a ver dos plantas fantásticas, dos pequeños tesoros de nuestra riquísima flora.

Uno de estos tesoros, el helecho Phyllitis sagittata, era una asignatura pendiente para mí, pues llevaba años buscándolo y no lograba encontrarlo. Se lo dije a Juan Rita y él me acompañó encantado a ver una de sus escasas poblaciones. En la imagen tomada hace cinco años se pueden ver varios ejemplares muy jóvenes de este helecho con sus frondes en forma de lengua de ciervo. A su lado abajo a la derecha se ven unos cuantos helechos Asplenium trichomanes. Ambos pteridofitos crecen siempre sobre un sustrato de musgos, líquenes y hepáticas.

Cuando ya nos íbamos mi amigo Juan, con su excelente vista de botánico veterano, vio un gigantesco y bellísimo ejemplar de Phyllitis sagittata en lo alto de unas rocas. Sin duda era el progenitor de todos los pequeños Phyllitis que crecían en varios kilómetros a la redonda. Fijaos como se transparentan a contraluz los soros repletos de esporas. Es una planta antediluviana realmente bonita que en la Península está en claro declive.

Mi tocayo me tenía reservada una sorpresa todavía más emocionante. Tras dejar atrás el Torrent des Gorg Blau proseguimos por la carretera hacia el Monasterio de Lluc. Varias curvas más adelante me señaló con el dedo un paisaje alucinante, como de otro mundo, bonito a rabiar. Nunca hubiera imaginado que en Mallorca pudiera haber unas rocas tan hermosas y espectaculares, intensamente blancas y dispuestas como las hojas de un libro.

Ahí las tenéis. Son formaciones kársticas de lapiaz moldeadas durante millones de años por la erosión y disolución de las rocas calcáreas por las correntías del agua de lluvia que desaguaban, como siguen haciéndolo hoy en día, en el primitivo Torrent des Gorg Blau (Garganta Azul). 

Pero no eran estas rocas tan bonitas la verdadera sorpresa que Juan quería compartir conmigo, sino el árbol que crece entre sus blancas hojas calcáreas, el laurel silvestre, sí amigos, el ancestro de nuestro culinario laurel que da sabor y aroma a nuestros guisos. En este agreste paisaje de ensueño sobrevive el último bosque de Laurisilva de las Baleares. Es como un pequeño fósil viviente, una reminiscencia de lo que hace siete millones de años era un maravilloso bosque de árboles planifolios de hoja perenne que captaban la humedad de la brisa marina del primitivo y subtropical mar Mediterráneo y la condensaban en forma de rocío sobre sus hojas, cayendo gota a gota como un agua dulcísima sobre la hojarasca del sotobosque, como si de una verdadera lluvia se tratase, exactamente igual que el fantástico fenómeno actual de la lluvia horizontal de las islas de la Macaronesia. La hojarasca en descomposición se comportaba como una esponja, absorbía y retenía el agua que goteaba desde las copas y mantenía una maravillosa humedad permanente en las raíces de los árboles, permitiéndoles crecer exuberantes en una isla donde la lluvia normal es más bien escasa. Juan Rita con su gran capacidad didáctica me lo explicó con tal vehemencia que me contagió su fascinación por este lugar.

Los laureles están enraizados en las profundísimas grietas excavadas entre las hojas de lapiaz.

Sus voluminosas copas de un verde intenso sobresalen por encima de las rocas, como si se asomasen con timidez a un mundo que ya no es tan amable y cálido como el de sus ancestros de hace siete millones de años. Les acompañan otros arbustos planifolios de hoja perenne como Viburnum tinus y Rhamnus alaternus, que sin duda han compartido durante todos estos millones de años el mismo hábitat y los mismos cambios climáticos que los laureles.

Así pues este pasado domingo quise compartir con Llorenç estos fantásticos paisajes antediluvianos y las plantas que los habitan. Os recomiendo ampliar esta foto con un doble click para que podáis apreciar el finísimo borde cortante de estas delgadas rocas afiladas como cuchillos.

Llorenç alucinaba. Estaba emocionado. Nunca había visto algo parecido. Movido por un intenso e irrefrenable deseo de pasear cual cabra montés sobre aquellos cuchillos de roca y comprobar por si mismo que las hojas de estos laureles ancestrales huelen realmente a laurel, se lanzó a saltar de roca en roca, de filo en filo, hasta alcanzar una ramilla. Yo, pobre de mí, que soy un cobardica y tengo un vértigo atroz, no podía entender que Llorenç no sintiese ningún miedo y le suplicaba a voz en grito que se olvidase del laurel y saliese de aquel infierno para faquires a la seguridad de la carretera.

Y sí, efectivamente, las hojas al ser frotadas entre los dedos huelen intensamente a laurel.

Llorenç, sabedor de mi gran afición por los árboles, me regaló la ramilla para que pruebe de sembrarla en una maceta a ver si enraíza. Como había suficiente para dos esquejes la partimos y ambos nos llevamos a casa media ramilla de estos laureles tan primitivos que son un verdadero tesoro genético. Confiamos en que echen raíces. De momento, hoy, a los seis días de la siembra, mi esqueje continúa con las hojas bien verdes y turgentes. Si hay suerte y prospera, dentro de unos años un laurel de la primitiva Laurisilva mediterránea subtropical embellecerá mi jardín.



25 comentarios:

  1. Tu pasión al describir una planta, un lapiaz, las aventuras de una morisca o la cena que te has hecho es la mejor de tus cualidades literarias; la transmites y consigues que nos emocionemos contigo. Gracias.
    Carmela

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  2. Por los poros sudas el amor a tu tierra, se nota y lo trasmites.
    Tengo la esperanza de algún día poder visitar esas islas y que me lleves a algunos de esos rinconcitos.
    un abrazo chicharrero.

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    1. Muchas gracias, Jesús. Estos rinconcitos, como dices tu, no te defraudarán. Un abrazo mallorquín.

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  3. Les fotos han quedat fantàstiques. L'article és divulgatiu però a la vegada recreatiu. És el que els mestres en deim "aprender jugando".
    Moltes gràcies Joan!
    Matilde

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  4. Unos paisajes de ensueño y si encima están salpicados de estas reliquias botánicas ancestrales, la satisfacción será plena al deambular por estos parajes, como se deduce de tu descripción. Se ve que disfrutas y, lo mejor, que nos haces disfrutar a los que seguimos tus " andanzas " en tu blog.
    Saludos

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  5. Desconocía esto ... Todavía hace más apetecible un viajecillo a Mallorca para ver todas estas maravillas. Gracias por compartir tus conocimientos.
    Un saludo alicantino, amigo Juan.

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  6. Fantastico Juan!!!! Mi malagueña sierra de camarolos y el torcal son muy parecidas...pero sin laureles.

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    1. Pedro, todo lo que hace 6 millones de años era el Macizo Bético-Rifeño, que iba desde las Islas Baleares hasta el Algarve portugués, tiene un aspecto muy parecido. En Grazalema creí estar en la Serra de Tramuntana de Mallorca: las mismas rocas calcáreas blanco-grisáceas, la misma vegetación....

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  7. Joroba Juan, que apasionante,
    Realmente es cierto eso de que " La belleza está en los ojos del que mira", cuanta gente pasaría por aquí sin apreciar nada de todo esto. He de confesarte que desde que sigo tu blog me he aficionado al mundo de las plantas (lástima que mi ignorancia sea tan grande) y en mis paseos por el bosque voy con los ojos como platos mirando y buscando, pero lo dicho, tengo demasiada ignorancia.
    Te deseo muchísima suerte con el enraizamiento de tu laurel!! Por cierto, como va tu nueva higuera?
    Una abraçada,
    Juanma

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    1. Muchas gracias, Juanma. Cuanto más te aficiones a las plantas menor será tu "ignorancia", como dices tu. Yo sigo aprendiendo dia a dia. Aprender es emocionante y motivador y cuanto más sabes más te das cuenta de lo mucho que te queda por aprender. MI higuera turca sigue bien. Espero que brote un poco antes del invierno. Un abraçada.

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  8. ¡¡Precioso!! me dejas con la boca abierta, no sabía que quedaban estas reminiscencias en paisajes tan bonitos como los de este lugar, lleno de perfectos lapiaces. Me encanta el Phyllitis sagittata, que cosa más bonita...
    Debió de ser un espectáculo el bosque que había por aquellas remotas épocas en las islas.
    Gracias por la lección de botánica. ¡Un saludo!

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    1. Ohh, qué bonitos debían de ser. No conocía el Myotragus balearicus , gracias por la información. Ay, a ver si algún día puedo conocer esos bosques en Nueva Zelanda.
      Un saludo.

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    2. También para mí son una asignatura pendiente los bosques neozelandeses. Un saludo.

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  9. Buenas, genial tu manera de describir, hace que nos enamoremos de las plantas y paisajes. Te recomiendo escribir algun libro o guia de mallorca o de cualquier otra cosa, de arboles y plantas, si consigues lo mismo que tu blog, muchos que no atienden a este mundo de vida que son los arboles, quedaran prendados y meteras el gusanillo verde a gente que solo conoce la ciudad. Un saludo y que sigas bien.

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    1. Muchas gracias, Anónimo, por tu amable comentario. A ver si alguna editorial te escucha y me anima a escribir sobre la vida. Un fuerte abrazo.

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  10. interesante descripción de lo que en el pasado había en la zona que nombras.

    saludos.

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  11. Me emocionó este relato,yo también amo los árboles y las piedras,habló con ellos......y con las piedras también!!!
    Un saludo desde Galicia.

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    1. Me alegra saber que te ha gustado, Maruxa. Un saludo.

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